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Tercer domingo de marzo: Celebración DIA DEL PASTOR

UNA CLASE DIFERENTE DE HÉROE

Veamos a un héroe del oeste: el vaquero. Tira las riendas de su caballo hasta que se para en las patas de atrás en el mismo borde del precipicio. Se mueve en la silla de montar, fatigado de arrear animales. Con un dedo, levanta levemente el sombrero. Un movimiento del pañuelo deja a la vista una piel curtida por el sol. Un millar de cabezas de ganado pasan tras él. Mil seiscientos kilómetros de camino lo esperan por delante. Mil mujeres querrían abrazarlo. Pero ninguna lo logra, ni lo logrará. Vive para arrear ganado y arrea ganado para vivir. Cabalga rápido. Habla lento. Su mejor amigo es su caballo y su fuerza es su valor. No necesita a nadie. Es un vaquero. Un héroe.

pastor

Veamos a un héroe de la Biblia; el pastor. En su exterior, parece similar al vaquero. También es rudo. Duerme donde los chacales aúllan y donde rondan los lobos. Nunca está fuera de servicio. Está siempre alerta. Como el vaquero, hace del cielo su techo y de las praderas su hogar. Pero  aquí  terminan las similitudes. El pastor ama a sus  ovejas, no es que el vaquero no aprecie las vacas; lo que pasa es que no conoce al animal, ni quiere conocerlo. ¿Has visto alguna vez un cuadro en que un vaquero acaricia a una vaca? ¿Has visto alguna vez a un pastor mimando a una oveja? ¿Por qué la diferencia? Sencillo. El vaquero lleva a la vaca hacia el matadero. El pastor lleva a la oveja a trasquilar. El vaquero quiere la carne de la vaca. El pastor quiere la lana de la oveja.

 

Por eso tratan a los animales en forma diferente. El vaquero arrea al ganado. El pastor guía a la oveja. Una manada tiene docena de vaqueros. Un rebaño tiene un pastor. El vaquero forcejea, marca, junta la manada, tira el  lazo. El pastor dirige, guía, alimenta y cura. El vaquero conoce el nombre de los ayudantes. El pastor conoce el nombre de las ovejas. El vaquero grita y maldice a las vacas. El pastor llama a cada oveja por su nombre. ¿No nos alegra que Cristo no se haya llamado el Buen vaquero? Pero algunos perciben a Dios así. Rostro duro, ranchero de mandíbula cuadrada que desde el cielo hace que su iglesia, en contra de su voluntad, vaya a donde no quiere ir. Pero esa  es una imagen equivocada, Jesús dice que él era el Buen Pastor. El Pastor conoce a sus ovejas por su nombre y da su vida por ellas. La Biblia constantemente repite esta imagen de Dios.

 

El Señor es mi Pastor (Salmo 23:1); Nosotros, que somos su pueblo, que somos ovejas de su prado (Salmo 79:13); Pastor de Israel, que guías a José como un rebaño, que tienes tu trono sobre los querubines, ¡escucha! (Salmo 80:1); Él es nuestro Dios, y nosotros su pueblo; somos ovejas de su prado (Salmo 95:7); El nos hizo y somos suyos; ¡somos pueblo suyo y ovejas de su prado! (Salmo 100:3). La misma idea la encontramos en el Nuevo Testamento. Él es el pastor que arriesga su vida por salvar a la oveja extraviada (Lucas 15:4). Él se compadece de su pueblo porque parecen ovejas que no tienen pastor (Mateo 9:36). Sus discípulos son su rebaño (Lucas 12:32). Cuando atacan al pastor, las ovejas se dispersan (Mateo 26:31). Él es el Pastor de las almas de los hombres (1 Pedro: 2:25). Él es el gran Pastor de las ovejas.

 

El 80% de los que escuchaban a Jesús vivían de la tierra. Muchos eran pastores. Vivían en las mesetas con las ovejas. Ningún rebaño pacía jamás sin un pastor, ni ningún pastor estaba jamás de vacaciones con respecto  a su rebaño. Cuando las ovejas se extraviaban, el pastor las buscaba. Cuando no podían andar, él las llevaba en sus hombros. Cuando se herían, las sanaba. Las ovejas no son inteligentes. Tienden a extraviarse en corrientes de agua y como su lana puede pesar demasiado cuando se mojan, se ahogan. Necesitan un pastor que las lleve a “tranquilas aguas” (Salmo 23:2). No tienen defensas naturales: ni garras, ni cuernos, ni colmillos. Son indefensas. Por eso necesitan un pastor con una” vara y un cayado” (Salmo 23:4) para protegerlas. No tienen sentido de dirección. Necesitan a alguien que las guíe “por caminos rectos” (Salmo 23:3). Así somos. También tenemos la tendencia a dejarnos arrastrar por aguas que deberíamos evitar. No tenemos defensa contra el león diabólico que ronda en busca de alguien a quien devorar.” Todos nosotros también nos perdimos como ovejas, siguiendo cada uno su propio camino” (Isaías 53:6).

 

Necesitamos un Pastor. No necesitamos un vaquero que nos arree; necesitamos un Pastor que nos cuide y nos guíe. Y tenemos uno. El Buen Pastor conoce a cada oveja por su nombre. Él no es un vaquero y nosotros no somos  ganado. El guía, alimenta y cura. Y la Palabra dice que no nos dejará hasta que lleguemos a casa.

 

Max Lucado